El anunció y la llegada
24 мая 2026, 18:53La princesa Marwa, era la amada única hija del faraón Madu, al que todos en el imperio lo ven como un dios en la tierra, al que llaman "Horus Vivo", caminaba sin rumbo fijo por el mar de dunas del desierto que abrazaban sus pies descalzos hundían en la arena ardiente mientras salía de la ciudad "PER-RA" que se alzaban en las tierras sagradas del Bajo Egipto. Dentro de ella, un vacío mayor que el desierto palpitaba con la ausencia del vació en su vientre plano otra vez sin vida, había soñado con hijos, con risas, con brazos diminutos rodeando su cuello, pero todo lo que había sostenido era silencio una y otra vez que se repetía cada que uno de sus amados hijos cuando morían en sus vientres, había parido sombras y un silencio siempre se escuchaba después de sus partos, había enterrado sus esperanzas maternas en urnas de alabastros en tumbas pequeñas como las lagrimas que sus ojos caen de sus mejillas.
Aquel amor que aun tiene, el de su esposo Asil la amaba sin medida sus palabras "No importa si solo somos nosotros dos, nunca te dejare" sonaban en su mente pero ni sus palabras de amor, ni sus ruegos a los dioses, devolverían la vida a sus pequeños.
Se alejaba de la ciudad, envuelta en un manto blanco, que la protegía del viento que no se atrevía a tocar su piel cansada de tantas perdidas, pequeñas flores de loto empezaban a brotar del suelo, haciendo un camino de flores hasta que abrieron un manantial de agua cristalina, como si el Nilo hubiese brotado del corazón de la tierra para calmar sus intentos de oscuridad de su mente, solo para ella. Las flores flotaban sobre la superficie del agua, derramando sus perfumes tan suaves que las lagrimas en sus mejillas ya no eran tristeza, pero ahora solo eran de paz cuando el agua masajeaba su vientre, entre las palmeras una mujer con túnica dorada cubriendo su cara aparecía-Los dioses han escuchado, tus súplicas-dijo la mujer con voz profunda y calmada.
-¿Fui escuchada?-susurro Marwa, alzando su mirada a los rayos de la luna que tocaban su vientre y en ese instante la vida, empezó a volver a sentirse dentro de su vientre
Lo único que no sabía es que no había sido dado por un dios de la luz....si no que fue dada por un dios que la miraba entre las sombras a la princesa
Durante los meses que empezaron a pasar, la magia empezó a hacer algo que todos notaron desde el embarazo de la princesa, cada que el bebe que estaba en su vientre llegaba a patear o moverse las estrellas del cielo se hacían mas brillantes, y las noches mas amigables, las luciérnagas se volvían mas brillantes que surgían del Nilo para adornar la noche para la princesa, los murmullos de los sirvientes y nobles corrían como el viento entre los días que pasaban como diciendo que ese bebe sería algo que los dioses habían mandado que debe de significar algo para los dioses.
En un principió el faraón Madu se había mostrado escéptico ante la insistencia de su hija de que estaba embarazada, no había querido hundir mas su corazón pensando que serían delirios pero cuando la vio con su pancita crecer y crecer fue cuando la creencia empezó a crecer dejando que su hija pudiera disfrutar de su nuevo milagro, pero todas las noches empezó a tener el mismo sueño que se repetían, en el desierto siempre era guiado en un carruaje que cortaba los vientos del desierto la madera crujía y los dioses se aparecían ante el y le señalaban una cuna hermosa de madera era el llanto de su nuevo nieto-Mi nieto-dijo Madu feliz intentando acercarse pero algo ocurrió un chacal de ojos rojos sangre, de gran altura con cuerpo humano hizo acto de presencia como si fuera el vigilante de la cuna y del bebe-No es el, es ella-anunciaba la voz del dios Anubis a Madu y abrió su hocico tragando al faraón quien despertaba sudando y jadeando sin miedo pero si tenso, ¿sería una señal? ¿tendrá una nieta? mientras frotaba su cara con sus manos mientras miraba a su esposa dormida y la abrazo intentando relajarse
Por otro lado en los aposentos privados de la princesa, estaba ella feliz con su amado Asil besando su vientre el no temía, le creyó desde un inicio cuando le dijo que estaba embarazada y desde ahí no había dejado de besar y acariciar su vientre, su amor era una bendición para Marwa quien reía feliz y enamorada de el-¿Crees que sea una niña?-dijo Marwa feliz a su amado quien sonreía-
-No me importa si es niña o niño es tuyo y eso me basta-dijo Asil sonriendo enamorado-
Marwa solamente sonreía besándolo feliz
El día del nacimiento llego tan rápido como una tormenta de arena del imperio. Cuando el sol se alzó en el horizonte dando una inicio a un nuevo día o eso pensaban ya que todos notaban como el sol se negaba a seguir saliendo como si algo lo hubiera detenido.
En la sala del parto, los sacerdotes y sacerdotisas susurraban canticos religiosos que pedían a los dioses de que la princesa diera un bebe sano al imperio, el incienso llenaba la habitación continuaba mientras que los dolores de la princesa iniciaban como un nuevo sonido de sufrimiento sobre la ciudad, pero mientras la princesa Marwa pujaba a su bebe algo dejo a los sacerdotes y sacerdotisas tensos y con miedo ya que la luna empezó a emerger en pleno día, ocultando al sol con lentitud tanto majestuosa y temible, las aves decidieron guardar sus cantos y el Nilo se detuvo. Cuando se escucho el llanto de la bebe nacida empezaba a aparecer, algo en las penumbras de la sala surgió una figura no rompió nada, no vio a nadie mas, era un ser alto como un gigante, oscura su piel como el carbón del fuego con cuerpo humano y cabeza de chacal con ojos rojos brillantes como brasas ardientes, la figura señalo a la bebe quien estaba en los brazos de sus padres quienes la protegían al verlo, cayeron los sacerdotes de rodillas
-Anubis esta aquí, la Matriarca ya fue elegida -dijeron en voz baja todos los sacerdotes dejando en shock a todos en la sala al ver la bebe recién nacida era la matriarca que todos esperaban, el Faraón Madu, el Horus-Vivo doblo la rodilla, no por miedo si no que por respeto ya que era lo que siempre había pedido que sea su sangre la que sea elegida como un patriarca
Marwa, agotada, protegía a su bebe en su pecho era pequeña, hermosa, de ojos cerrados y piel luminosa la niña dejó de llorar cuando se sintió protegida en el pecho de su madre. Y entonces...el Nilo volvio a sonar, la luna comenzó a retirarse, cediendo lentamente su lugar al sol como si el Dios Anubis por fin se le diera permiso de tener a su matriarca, el chacal todo la frente de la bebe y desapareció entre sombras, solo un aullido se escuchaba estremeciendo a todo el imperio al saber que Anubis había elegido ya a su matriarca la primera mujer en ser una patriarca y ahora era tiempo de una mujer de llevar el manto.
-La primera Matriarca -susurraron los sacerdotes con un temor reverente.
La niña, nacida de la esperanza de la princesa Marwa y dejo ver sus ojos verdes tomando la mano de su mama quien sonreía besando su frente de su bebe-Hethet, te llamaras Hethet-dijo Marwa feliz junto a su esposo Asil.
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