¿Vuelta a Egipto?
24 мая 2026, 19:18Lunas después
A petición de la misma Hethet tanto Hera como Ragnar no habían cancelado su boda pero decidieron esperar a que el luto de su amiga se fue recuperando cosa que logro con todos quienes apoyaban a la mujer pero más Abner quien se encontraba con ella en la tienda día y noche para que todos pudieran seguir haciendo sus cosas hasta que la depresión de ella mejoraba hasta el punto de salir de la tienda donde se encontraba hasta ahora dos lunas después pudieron celebrar la boda de Ragnar y Hera-Vamos, es hora-declaraba Ragnar mientras que Hethet se acercaba con Hera quien veía feliz a su futuro esposo quien la tomo de la mano y escucharon a Matías dar inicio a la ceremonia, que se encontraban felices aunque en sus corazones aun recordaban a su amigo y a los que perdieron como a la señora Josefa que murió cuando sus nietos se encontraban jugando y al bebe de Ana quien al saber la muerte de su padre ella lo había perdido pero su fe se encontraba aumentando a Dios que sabía que ella pensaba que algo mejor llegaría
Los esposo se besaron cuando terminaron la ceremonia, haciendo que todos aplaudieran mientras que la musicaba iniciaba todos bailaban de manera alegre después de tragedias hasta los hijos de Abner quienes volvían a tener su baile original con llam, Hethet y Ana en el centro de todos quienes bailaban felices aunque Abner quien se encontraba a lo lejos pudo sonreír mientras que veía a Hethet notando que desde que le hablo sobre lo que paso entre Anubis y ella pudo notar que aun Anubis era un Dios pagano, la Luz que enamoro de Hethet aún sigue ahí y eso es lo que amaba de ella mirando mientras que se acercaba a el-¿Bailas?-preguntó mientras que sus manos tomaban las de él animando a ir a la pista donde rápidamente se unieron a las parejas quienes bailaban al son de la música que Mara cantaba
Los ojos de Abner no se separaban de ella quien se encontraba dando vuelta con las mujeres y el con los hombres
Los hijos de Abner y Hethet junto a Matías y Mara se encontraban felices de ver a la pareja reunida después de tantas tragedias merecían la felicidad, esos dos corazones maduros quieren paz y juntos quieren encontrarlo
Abner empezó a sentir que no tenía nada que ofrecerle a Hethet, la amaba claro que lo hacía pero ese sentimiento igual lo ataco cuando en su día él le había pedido la mano a Elsa pero ahora jamás pensó que volvería ahora que la miraba notaba como aunque Hethet era casi de su misma edad él pensaba que ahora que estaba recuperada de su depresión podía encontrar a alguien que pueda darle esa libertade que no podría gozar con él al ser el próximo sumo sacerdote del pueblo Israel
-¿Como puedo hacerla feliz?-pensaba mientras que caminaba hacia ella quien le sonreía para después alejarlos-Hethet, ¿Eres feliz?-preguntaba
-Perdidas que he sufrido han sido sanadas poco a poco por Dios, ¿Por qué preguntas?-declaro-¿Abner?-dijo preocupada mientras que se acercaba a él tomando su mejilla pero hizo el trabajo de tensar al hombre
El quito la mano de Hethet de su mejilla-¿Tú sabes cuanto te quiero?-preguntó tomando sus manos
-Claro, que si..-
-Desde que te conocí en Egipto te has convertido en alguien especial para mi-dijo mientras que ella sonreía-No sabes la alegría que sentí cuando te escuche hablar valientemente delante de Yaakov y sus seguidores estaba tan orgulloso me puse de ti y de Leónidas..-dijo mientras que se reafirmaba que era lo mejor
Ella es una dama, una princesa. Hermosa
Y yo un simple sacerdote que no puede darle lo que necesitaba
-No lo hubiera logrado sin su ayuda de todos ustedes-
El hombre se alejaba mientras que sus palabras se volvían confusas en su cabeza.-Me dio mucho gusto haberte visto convertir en una hermosa mujer y ahora que tienes paz puedes disfrutar las bendiciones que Dios tienen para ti-dijo mientras que separaba sus manos de el de ella-Estoy seguro que...encontraras a un hombre que te hará muy feliz-dijo-Puedes contar conmigo, siempre para cualquier....-
-Entonces, ya tomaste esa decisión tu solo y sin consultarme-declaro mordiendo su labio tan fuerte que poco a poco la sangre quería salir cosa que Abner poco a poco hizo que soltara
-Por favor no te hagas daño-
Ella ya tenía lágrimas en sus ojos separándose-¿Hacerme daño? No paro de recibir notica tras noticia que me desgarra por dentro pensé que tú eras una de las pocas personas que me da luz a mi vida pero veo que me equivoque-declaraba separándose de el con lágrimas en sus ojos al igual que el-Solamente nos mantendremos unidos por los chicos, ellos no tienen la culpa-Y con esas palabras ella se fue de ahí para caminar hacía su carpa donde se encontraban sus amigos claramente no quería que la vieran llorar así que quito sus lágrimas y se recompuso para poner una sonrisa en su cara para después tomar su libro y caminar lejos del campamento donde esperaba calmarse cuando estuvo lejos del campamento pero no tanto como para no verlo se sentó en el suelo y empezó a escribir lo que faltaba. Necesitaba que su sucesor aprendiera que la balanza entre el bien y el mal estaba hecha y que ellos solamente eran pasajeros en esta tierra y que deben de respetar las leyes de todas las personas que se encontraban habitando esta tierra.
Pero de repente aunque estaba enojada con Anubis le enseño algo que jamás pensó en ver "Deambulación" vaya esto jamás pensó en leerlo pero sabía que siempre que Anubis te da algo quiere algo para él, empezando a leer supo que se debe de usar con alguien más pero que los espíritus que vigilan entre este mundo y el espiritual te van a poner trampas en el camino-¿Pará que quieres que lea esto?-se preguntaba para si misma pero obedecía mientras que caminaba de regreso al campamento cuando llego a su carpa se encontró con Ragnar ahí-Ragnar, Y ¿Hera? -preguntaba
-Amiga, aquí-declaraba la mujer saliendo de sus aposentos-¿Que hacías?-
Ella suspiro-Anubis me enseño unas páginas del libro y es sobre "Deambulación" pero la verdad no sé qué quiere es como si algo vaya a ocurrir y lo necesite-declaro mientras que los dos se miraban confusos-Algo quiere y eso me está espantando-declaro-Ahora tengo que sumar que Abner...-ella callo al notar sus caras.
-¿Que ocurre con Abner?-preguntaba Ragnar
Ella miraba a Hera quien igual estaba interesada así que no le quedo de otra que hablar, inició hablando con lo que había pasado con el futuro sumo sacerdote ahora si Ragnar se encontraba furioso el idiota había ilusionado a su hermana para ayudarla y dar acciones que demostraban amor por su parte-Ahora si sabrá..-declaro mientras que salía de ahí siendo seguido por las dos chicas a su espalda buscando al hombre quien se encontraba en el centro de campamento con Matías y Mara-ABNER-grito haciendo que todos lo miren-Ahora si aprenderás...-dijo e iniciaba su camino hacía el pero Hethet quien había ido por lado por consejo de Hera lo tacleo haciendo que cayera lejos de Abner y ella termino encima de Ragnar sosteniendo sus manos encima de su cabeza en una posición nada alentadora
-Te calmas-ordeno
El gruñe-No..-declaro y liberándose del agarre de Hethet la tomo de la cintura aun estando aferrada a el y empezaron a pelear haciendo que Hethet fuera estampada en una viga ya soltándose de el quien rápidamente fue por Abner pero Hera se encontraba delante de el-Será mejor que te quites Hera, esposa-dijo
-Esposo, calma a diferencia de Leo y yo que éramos los razonables, tu y Hethet eran los peleoneros-declaro-Así que mejor cálmate-
Ragnar sonreía arremangando su camisa por sus mangas-Por qué el pelear es divertido ustedes eran la guerra y nosotros...-no termino de hablar
-La muerte-
Ragnar volteo a ver a Hethet quien caminaba a él y con su mano golpeando en su pecho separo el alma del cuerpo de Ragnar haciendo que solamente ella pudiera verlo-¿Calmado?-preguntaba en Egipto antiguo
-Ya me calmo-
Y con esa declaración el regreso el alma al cuerpo literalmente haciendo que el suspire haciendo que Hera se separe de Abner, quien se encontraba mirando a Hethet quien lo ignoraba-Hermano, perdona por esto solamente queremos que este se calme-declaraba a Matías quien sonreía-Nos vamos-declaro-Y no matarás a nadie...-
Mientras se iban de ahí Abner caminaba hacía donde ellos se fueron, mirando a Hethet suspiraba pensando que su decisión fue la correcta aunque por dentro se estaba arrepintiendo
Al día siguiente todo volvió a la normalidad pero Abner se encontraba triste no tenía la luz que siempre lo caracterizaba así que Matías camino hacía su hermano y ambos se fueron hacía la carpa del líder de Israel-Hermano, ¿Que tienes?-preguntaba
-Nada, hermano...solamente que deje ir a alguien que merece algo mejor que yo-
Matías suspiro poniendo sus manos en sus hombros-Hermano ¿Me estás diciendo que te enamoraste?, por favor no dejes que la tristeza y la soledad se apoderen de tu vida-declaro-Hermano debes de ser feliz no pierdas la oportunidad de serlo por inseguridades que te invadan...ahora hermano ¿Quién es la afortunada?-
Él sonreía sonrojado-Hethet, hermano-declaro
Riendo Matías tapo su boca con sus manos-Hermano, es lo mejor..mi hermana y tu han sufrido mucho en esta vida que merecen ser felices con sus familias-declaro mientras que el suspira-Por favor ve por mi hermana y declara todo lo que sientes debes de vivir feliz y contento con la persona que tu corazón quiere-
-Hermano, creo que debo de arreglar algo-declaro-Espero que Hethet aún me quiera-
-Espero, pero a lo que vi...Ragnar no te la dejará fácil-
El suspira-Me arriesgaré por ella-declaro mientras que salía de la carpa caminando junto a Matías hacía el centró del campamento donde se encontraban los hijos de Abner sentados en una mesa de comida con Hethet y Ana al igual que los demás patriarcas quienes se encontraban felices hablando sobre lo que hicieron en su día hasta Adriel se encontraba feliz y sobrio como Num. Ver a sus hijos sobrios le alegraba y su corazón se ablandaba pero cuando se acercó se escucharon unas trompetas que hicieron que los khasetiu y los demás hombres sacaron sus espadas mientras que veían entrar a una caravana de personas que rápidamente fueron reconocidas como egipcias.
Las personas pasaron por alto a Matías y rápidamente reconocieron a Hethet que para ellos parecía un fantasma-MATRIARCA-gritaron todos mientras que se arrodillaban ante ella quien se encontraba sorprendida
-¿Como me encontraron?-
Los hombres alzaron la mirada lentamente, como si acabaran de ver a una diosa caída del cielo. Uno de ellos, con voz temblorosa pero firme, se adelantó:
—Mi señora... deben regresar. El faraón Abdom y su Gran Esposa Real, Nauret, están llevando a Egipto al colapso eterno, nuestro imperio se desangra por mantener su palacio dorado y su estilo de vida insaciable con lujos y oro. No tenemos ejército... y los impuestos nos están arrastrando a los hombres a una vida de carencias—su voz se quebró un segundo mientras Ragnar y Hera lo observaban con atención—. Quieren reemplazarlos, mi señora... quieren colocar en su lugar a uno de los hijos de la Gran Esposa Real Isis-Nefert
—¿Nefert...? —susurró Hethet, y el nombre fue un puñal directo a su alma. "Mi niña..." pensó, sintiendo el peso de un amor maternal de la hija de Asim y ella.
Entonces, un joven se acercó desde la multitud. Su voz era clara, fuerte, la de quien ha nacido para ser escuchado:
—Su hijo fue masacrado por orden del faraón Abdom—declaró con gravedad—. Lo envió a morir en el océano, en esa absurda persecución del pueblo de ustedes-dijo el hombre al ver a todos en el campamento-. Su hijo... el escriba Putifar.
El silencio se volvió espeso como el incienso.
—Y él —señaló al hombre— rehusó responder al llamado de nuestra matriarca. Juró lealtad a Ramsés I y a su linaje... pero cuando el verdadero Egipto lo necesitó, dio la espalda.
El joven giró y apuntó a otro de los hombres:
—Usted, Amunemhat su padre peleó al lado de Hethet, al lado del príncipe Bakari ahora Matias, del príncipe Abdom, del general Asil ¿Y aún así se escondió? ¿Dónde estaba su lealtad cuando Egipto gritaba y agonizaba sangre inocente?
Los hombres aludidos agacharon la cabeza, tragando su vergüenza ante la multitud entonces el joven alzó la voz, con el corazón en llamas:
—Pero el Alto Egipto aún escucha la sangre que se derramó, los gritos que se apagaron. ¡Todo el imperio aún recuerda a sus muertos! —dijo parecía que el eco de su voz joven parecía sacudir las paredes de la tienda como un trueno—. No existe otra matriarca más que la que está aquí presente.
Se giró hacia Hethet, sus ojos brillando como si los dioses mismos lo hubieran elegido para hablar
—Su nombre es Hethet. No me importa si ahora honra al dios que esta en el aire y no se ve o si camina entre los muertos... la sangre de los faraones corre por sus venas. ¡Ella es mi matriarca desde este día... hasta el último día de mi respiración en esta tierra!
Y al decirlo, el joven se arrodilló frente a ella, entonces uno a uno, los hombres y mujeres de origen egipcio comenzaron a hacer lo mismo, inclinando la cabeza. Parecía que el aire empezó a llenarse de un estremecimiento de muerte y aunque Hethet no dijo una sola palabra, por primera vez en semanas, el viento dejó de soplar como si incluso el desierto estuviera esperando su decisión.
El hombre que el joven había señalado, el escriba Putifar se levantó con lentitud, como si las palabras del muchacho lo hubieran arrancado de una larga ceguera.-El noble Thutmose habla con dureza... pero con la verdad sincera en su voz—dijo con voz rasposa, y un susurro de asombro recorrió la tienda—. No comprometí a mis hombres a su causa porque estaba cegado por el miedo, por las mentiras del trono usurpado por quien creía era mi faraón-dijo Putifar
Los presentes lo miraban como si todos los hombres egipcios supieran sus errores
—Pero me equivoqué —confesó con humildad, clavando la mirada en Hethet—. La princesa Hethet vengó al Faraón Madu I, al general Asil y a la noble princesa Marwa como ningun otro lo hizo en nombre del legado y del honor, pero ella no es solo heredera. Ella es la Matriarca del Alto y Bajo Egipto.
Con un gesto que hizo tensar a todos, desenfundó su espada. Pero en lugar de alzarla, se arrodilló con solemnidad, y clavó la punta contra el suelo.
—Y mi única faraona de Egipto —proclamó, y su voz tembló, no de miedo, sino de reverencia.
Otro hombre, que hasta entonces había permanecido en silencio, dio un paso al frente: Amunemhat.
—Yo no luché a su lado en batalla como en antaño mis padres y predecesores hicieron con su padre, abuelo y antepasados... y lo lamentaré hasta el último aliento de mi vida —declaró con firmeza, sus ojos fijos en Hethet—. Un hombre solo puede hacer dos cosas cuando ha cometido errores, reconocer su error... y pedir perdón.
Ella lo miró sin expresar sus emociones con Matías a su lado, aun sin saber qué decir. Su mirada y la de Hethet se cruzaron, leyendo el pensamiento del otro. No había odio en ella. Solo comprensión.
—No hay nada que perdonar, mi noble señor—dijo con una voz tan suave como el Nilo al amanecer.
—Entonces habrá batallas por venir —afirmó Amunemhat—. El Alto Egipto ha sostenido a la dinastía real por milenios... y lo hará una vez más. Yo... yo juraré lealtad a Hethet.
Desenfundó su espada y repitió el gesto solemne: de rodillas, la punta tocando la tierra.
—¡La Faraona de Egipto!
Su voz fue como una chispa encendiendo una hoguera para todos los presentes uno a uno, todos los presentes sacaron sus espadas y el sonido metálico llenó el aire como un canto de guerra antiguo y eran alzadas hacia el cielo y, al unísono, gritaron:
—¡LA FARAONA DE EGIPTO!
El eco del clamor pareció resonar más allá del desierto, más allá del tiempo.
Hethet se levantó de su asiento como si su mente ya no obedeciera a su cuerpo, sus pies apenas parecían tocar la tierra. Los Medjay, los guardianes sagrados, se arrodillaron sin que se les ordenara, apoyando un puño sobre el pecho y la frente contra la arena: un juramento eterno de lealtad.
Entonces Ragnar se acercó, sus ojos tan solemnes como los del dios Anubis, y en sus manos llevaba la corona dorada tradicional. Brillaba con una luz que no era del sol... sino de la historia misma.
Con el corazón en silencio, la colocó sobre la cabeza de Hethet.
Y en ese instante, la arena se levantó como si el desierto exhalara, y un halcón cruzó el cielo. Todos lo vieron. Un presagio sagrado.
Hethet ya no era sólo hija, ni princesa, ni heredera.
Era Faraona.
-¿Que haremos?-preguntaba Ragnar dispuesto a ayudarla-No podemos irnos, tardaríamos meses hasta años de regreso a Egipto
Entonces solamente una palabra llegaba a su mente "Deambulación" entonces que por eso Anubis le mostro ese hechizo por esto, él sabía que ella se enfrentaría a eso-Deambulación-susurre mientras que Ragnar quien sabía de lo que ella hablaba así que simplemente asiente ante la aceptación del plan que estaban por hacer-No mates a nadie..prométemelo-susurro cerca del hombre quien asiente
-Prometido, vamos-susurro besando su frente mientras que caminaban con Hera a su lado pero ella se interpuso en su camino-Mi alma ¿Que ocurre?-
-¿Saben de las consecuencias que vendrá?-preguntaba
Ambos suspiraban mientras que asienten ante las palabras, esas consecuencias es dependiendo de su fuerza pero la necesitaban para poder saber que estaba ocurriendo y más Hethet, ya no se sentía parte de esto quería encontrar un lugar y sabe que este puede ser el camino-Si-respondían los dos a la vez
-Los ayudare, ¿Siempre juntos?-
-Siempre juntos-
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